¿Quien es nuestro héroe nacional?
Nuestro único héroe.
En Santa Rosa 20 de marzo de 1856.
Cuatro oficiales y quince soldados muertos.
“Listo todo mandé desembocar por el callejón a la tropa formada por columnas. Nuestros soldados, al son de las cornetas que tocaban a degüello, marcharon a la carrera, acudiendo cada cual al puesto señalado.
“Los filibusteros no hicieron ni un tiro; nos aguardaban de cerca, con la esperanza de que su primer descarga nos derrotaría. Tampoco los nuestros dispararon hasta hallarse a veinte varas del enemigo. Rompieron entonces un fuego sostenido, que duró como tardaron los costarricenses en llegar a las cercas. Desde ese instante sólo los filibusteros dispararon. Los nuestros saltaban a los corrales, sin que el mortífero fuego que sufrían bastara para detenerlos.
“Una vez dentro no hubo ya esperanza para los malhechores: el sable y la bayoneta los hacían trizas y ellos, aterrados, ni atinaban a ofender con sus tiros.
Fracción del Parte de Guerra del General don José Joaquín Mora.
Santa Rosa
“¡Hubo un momento de horrible ansiedad! ¿Iban los valientes patriotas, campesinos y propietarios, ajenos a los rigores de la guerra, a estrellarse contra la disciplina y la organización militar? Todo podía ser. El teniente Coronel Gutiérrez al ver avanzar a sus compañeros, bayoneta calada, sobre los corrales, sintió que lo dominaba invencible ardor bélico y no contento con ir a cortar la retirada de los contrarios, quiso tomar parte directa en el asalto y subió a un montecito que se hallaba detrás de la casa. Esta audacia fue una nueva sorpresa para los filibusteros, que en el colmo de su atolondramiento, aún disparaban sobre él. A la detonación siguió la caída de Gutiérrez; estaba mortalmente herido.
“En su primer intento las hordas de Walker eran despedazas en Costa Rica. El país sacudía el yugo a la sóla iniciativa de ponérselo”
Santa Rosa, Máximo Soto Hall escritor guatemalteco, 1901.
Una gloriosa emulación.
“ El día veinte de marzo , la vanguardia a cuya cabeza iba el General don José Joaquín Mora, llegó a la bifurcación de los caminos al Pelón y a Santa Rosa, y en aquel lugar observaron impresas en el polvo de los caminos las huellas que demostraba el paso de gente calzada. En persecución de estos cuyas huellas los guiaron a Santa Rosa, valle espacioso que parecía preparado por la naturaleza para teatro de guerra de nuestros bravos, cuyo lado izquierdo estaba tapado por una ceja de montaña , y a cuyo medio proximanente se divisaban los corrales y casa de la hacienda.
“En tales circunstancias el General Mora resolvió su plan de batalla encomendado al capitán José M. Gutiérrez la compañía que debía marchar , aprovechándose de la densidad del bosque situado a la izquierda. A tomar las espaldas del filibustero, prohibiéndole la retirada. Para comandar la primera compañía que debía acometer de frente, se escogió al capitán Santiago Millet; y esta circunstancia despertó los celos del Capitán Manuel Quirós cuya bravura le resintió de no haber sido destinado al punto de mayor peligro dando ocasión a una diferencia con Gutiérrez, quien aceptó el reto de probar su entereza en las angustias del asalto mismo, o en combate singular, si la casualidad los sacaba ilesos de la acción heroica.
“Ya se encaminaban al lugar de la muerte por las direcciones señaladas, cuando Gutiérrez, viendo en las dificultades de tránsito por la espesura de la montaña un retardo que le impidiera llegar oportunamente a satisfacer su reto, se lanzó al llano, y después de larga y fatigosa carrera, saltó las cercas de los corrales, donde llegaba en esos momentos el arrojado Quirós.
Ambos antagonistas se presentaron al mismo tiempo ante los huecos de las ventanas del oratorio en que listos estaban los filibusteros contra quienes dispararon con mano firme, y de quienes recibieron furiosa descarga, cayendo bañados en su sangre, y correspondiendo dignamente a su nombre de costarricenses”.
Cartago 18 de septiembre de 1887 _ hoja suelta_ apócrifa _ Imprenta de la Paz, San José
El Plan del General Mora.
“El Coronel Lorenzo Salazar, con doscientos ochenta hombres, debía atacar el frente, la izquierda y el flanco derecho de la casa; seguíanle por ese lado (el más practicable), los dos cañoncitos, dirigidos por el capitán Mateo Marín.
“El Capitán Gutiérrez, con doscientos hombres, debía flanquear la IZQUIERDA POR FUERA DE LAS CERCAS Y TOMAR POSESIÓN A LA ESPALDA DE LAS CASAS, sobre la cumbre de la colina.
“El escuadrón de caballería quedó formado en el callejón hasta recibir la orden de cargar al enemigo, cuando se les desalojara de sus posiciones.”
Rasgo Patriótico
El joven José Salazar, de San José, de 17 años de edad, se presentó a servir de oficial en el ejército expedicionario, pero tuvo el sentimiento de que el General D. José Joaquín Mora no lo recibiese. Instó de varios modos hasta conseguir que le permitieran marchar de agregado. Después de la jornada de Santa Rosa escribe a su padre Sr.Juan Salazar una carta que en sustancia dice así: “Querido tata: Le noticio a U. que en la batalla me he portado como un hombre, y que he tenido la dicha de ganar un premio”.
Como era natural, envista de esta carta, el padre y familia creyeron que el joven habría adquirido alguna cosa de provecho, y decían : ¿qué será lo que ha ganado José? Puede ser que sea un grado, o dinero; más no pudieron saciar su curiosidad sino hasta el siguiente correo, que por noticia de sus conocidos, se supo que José estaba herido, y este era el premio de que se gloriaba.
Esto, mejor que largas descripcioones, pinta el carácter del costarricense, a que sólo podría llegar un Espartano.
Boletín Oficial, marzo 23 de 1856.
Un Heroe muy especial
Pocos días ha que en la calle del Palacio se halló muerto de una estocada el animal favorito de los valientes soldados del 11 de abril de 1856. No era más que un pobre asno, pero tenía para Costa Rica más méritos adquiridos que algunos hombres. En su corta existencia se mostró digno de la pura sangre árabe que sus antecesores le legaron. Nacido en Nicaragua de dos honrados burros, pasó su edad primera corcobeando, corriendo en el florido suelo de aquella privilegiada región, y su juventud, rebuznando amores a las esbeltas yeguas chontaleñas, hasta que un despiadado filibustero, afiliándole en las famosas columnas que bajo el mando de Schlessinger destinó William Walker a conquistar Costa Rica, lo separó de sus favoritas.
Nuestro pollino (que nada tenía de lerdo) oliéndose lo que a sus compañeros de armas aguardaba en Santa Rosa, tuvo por conveniente desertarse en Sapoa, y dejando partir a los filibusteros en busca de su fatal destino, se quedó pastando la tierna y jugosa yerba en las fértiles orillas del cercano río. Allí le hallaron nuestras tropas cuando después de exterminar la banda de Schlessinger marchaban sobre Nicaragua. tomole a su servicio el Oficial Don Samuel Aguilar, y vínole de perlas (al oficial) porque ciertamente no estábamos muy abundantes de caballerías. El asno le condujo con la mejor voluntad hasta Rivas, donde siguió prestando eminentes servicios y aguantando las más pesadas bromas con amabilidad y gracia imperturbables.
¿Había que traer carne, leña, o cualquier cosa para la gente? -Venga el burro de Sapoa-¿Se ofrece una diligencia lejana que no requiere gran prisa? -Venga el burro, decía el encargado de él. ¿Estaban de huelga los soldados y sin con que divertirse? -Pasaban el burro, echándole mano, le vestían, poniéndole caperuzas, le toreaban, y más de una vez le pusieron triquitraques y otros proyectiles inocentes en la cola, sin que por ellos se enojara el complaciente animal.
El fue testigo de la terrible lucha que sostuvimos el 11 de abril; paso por las calles mientras William Walker estaba encerrado; y logrando salir ileso de la lluvia de balas que por tantas horas innundó la plaza, rebuznó el 12, celebrando la fuga de nuestros enemigos, y burlándose de ella.
Cuando el cólera mortal nos obligó a retirarnos, el burro trajo sobre sus lomos hasta Costa Rica, uno o dos enfermos o heridos item más, cuantos morrales se le podían acomodar, y en este penoso viaje no se le llegó a quitar una sola vez la albarda. El valiente animal cumplió dignamente, sin proferir la más leve queja.
Llegó a San José sirviendo a los soldados del Mayor Don Máximo Blanco, y a dicho jefe se le entregó mientras alguien no lo reclamara con legítimo derecho.
Desde entonces, el pobre burro, acariciado de los soldados de la primera campaña, y especialmente de los que sobre él se salvaron, paseaba tranquila, majestuosamente por las calles de San José, sirviendo de juguete a los muchachos que se divertían en ponerle máscaras y corazas, más sin hacerle mal.
Desgraciadamente para él, llegó a tener tal confianza en las inmunidades que sus servicios le daban, que en cuanto olía una golosina en cuaquier parte, se entraba sin previo aviso a saciar su gula de sibarita. Esto le arrastró al precipicio: murió al furor de un vecino de esta capital, que ignorando sin duda sus privilegios y hallándole infraganti en su casa comiendo sin permiso, le atravesó de una mortal estocada. El Mayor Blanco pidió razón de su muerte, y obtuvo a moderada composición cuarenta pesos por ella; dicha cantidad ha sido donada al hospital de San Juan de Dios, para que el asno fuera útil hasta en su muerte. Esta ha sido digna de él: murió no vulgarmente como un burro cualquiera, sino de una herida de acero, como lo merecía. A pesar de ser pollino, su memoria vivirá más tiempo en los heridos y enfermos que salvó que la de muchos hombres que nada hicieron por los defensores de la Patria.
Un soldado de la Primera Compañía.
Los muertos en la Batalla de Santa Rosa:
Clase Nombre Lugar de residencia
Primera Compañía.
Primer SubTeniente Don Justo Castro Araya San José
Soldado José Zeledón San José
Segunda Compañía.
Soldado Sotero Mora Puente Ancho
soldado Francisco Carbonero P. (San José)
Tercera Compañía
soldado Pedro Sequeira Mojón
soldado José Zúñiga Puebla San José
Cuarta Compañía.
Segundo Teniente Don Manuel Rojas San José
Quinta Compañía
Sargento 2° Agustín Castro San José
soldado Ramón Marín San Juan
soldado Juan García San Juan
soldado Carmen Prado San Francisco
soldado Agapito Marín San Vicente
Compañía al mando de D,J.M.Gutiérrez
Capitán D.José María Gutiérrez San José
Sargento 2° Agustín Prado San Antonio
Cabo 1° Santos Álvarez El Mojón
soldado José María Mora Escazú
soldado Carlos Mora San Miguel
Artillería
Sargento 2° Braulio Pérez Pacaca
Estado Mayor
Capitán D.Manuel Quirós San José
El Ejército de Costa Rica llevó a la Batalla de Santa Rosa 700 soldados, de ellos murieron 19 y resultaron heridos 31.
De la Provincia de San José murieron 19 y de la de Cartago uno. La diferencia se debe a la muerte posterior de uno de los heridos, que por provincia fueron 22 de San José, 1 de Cartago y 4 de Guanacaste. La tropa que participó en la Batalla era mayoritariamente de San José.
Nuestro único héroe.
Estos héroes nominales, capitanes Quirós, Gutiérez, el sub Teniente Justo Castro y también el valiente oficial Manuel Rojas quien murió en el asalto, así como los oficiales y soldados que también dieron su vida en esta batalla, son parte de nuestro único héroe: Los Soldados del 56 que formaron una unidad indestructible junto a su máximo líder el Presidente Juan Rafael Mora quien les dijo en su proclama:
“A la lid, pues, costarricenses. Yo marcho al frente del Ejército Nacional. Yo me regocijo al ver hoy vuestro noble entusiasmo, que me enorgullezco al llamaros mis hijos, quiero compartir siempre con vosotros el peligro y la gloria”
Recopiló y comentó
Jorge Hernaldo Jiménez Bustamante
16 de septiembre de 2010

Los centroamericanos se equivocan de cabo a rabo cuando nos llaman a nosotros los costarricenses “afeminados”,”huecos”, o “culeros”, quizás porqwue les duele que no nos hayamos integrado a CA políticamente y porque no tenemos ejército.Debieran darle gracias a Dios que no tenemos ejército porque si lo tuviéramos hace mucho tiempo se hibieran terminado los problemas del Río San Juan con los nicas.
Soy descendiente del hemano de Jose Joaquin Mora, Miguel Mora y me agrado leer sobre esta familia.