La Familia Cedeño Castro

Columna
LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (246)
Por Rogelio Cedeño Castro
Correspondiente al viernes 20 de agosto de 2010.

FRANCISCO CEDEÑO: LOS AVATARES DE LA MEMORIA (I)

Cuando mi primo Humberto me comunicó por la vía telefónica, a media mañana
del día martes 3 de agosto, recién pasado, que acababa de fallecer en el
Hospital de San Vito de Java, la cabecera del cantón de Coto Brus, mi
querido tío, don Francisco Cedeño Castro, no pude dejar de pensar en que con
este hecho se cerraba un largo ciclo en la historia (story y no history como
dicen los gringos, al establecer una clara distinción entre el significado
de ambos términos en la lengua inglesa) de mi familia extensa, la que como
tantas familias latinoamericanas estaba enraizada en la vida rural.
Francisco, que había nacido en 1919, era el segundo de los ocho hijos que
tuvo mi abuela Otilia (1892-1958), de los cuales ya solo queda mi tía Luisa,
madre y fundadora también de una extensa familia, que vive en su gran
mayoría en la ciudad de Heredia.

ooooo

Formado en la mecánica automotriz y preparado para el disfrute de otras
artes, tales como la música de los grandes maestros, allá en el colegio
Salesiano de Cartago, durante los años inmediatamente anteriores a la
Segunda Guerra Mundial, Francisco llegó a trabajar al canal de Panamá,
durante los años de 1940 y 1941. Cuando lo visitaba, hace apenas dos o tres
semanas, en vísperas de su muerte, que no pensé que estuviera tan cercana,
le pregunté allá en su finca, en Cañas Gordas, localidad fronteriza, ubicada
entre el tico cantón de Coto Brus y el chiricano-panameño distrito de
Renacimiento, acerca de la paga y las condiciones de trabajo que los yankis
zoneítas (entonces Panamá no era soberana del territorio canalero y estaba
atada a perpetuidad, al vergonzoso trato Hay-Bunneau-Varilla), me dijo que
su hermano Marcelino, el mayor de mis tíos, le había hablado de los buenos
ingresos que podía traerles esa actividad laboral. ¡Mentiras!, me respondió
indignado, en aquel entonces construíamos casas de pino y los contratistas
nos pagaban muy poco. En otra ocasión, hace ya algunos años, me había
contado como después del ataque japonés a Pearl Harbor, del 7 de diciembre
de 1941, los yankis buscaban voluntarios latinoamericanos, en el canal de
Panamá, para ir a combatir en esa cruenta guerra que libraron, a lo largo de
más de tres años, con los hijos del Imperio del Sol Naciente, a través de un
inmenso corredor de islas del Océano Pacífico.

ooooo

Subir a pie, muchas veces con carga, entre la niebla y la lluvia
vespertinas, partiendo de Punta de Riel, hoy Ciudad Neylli, aquella
interminable y embarrialada Fila de Cal, una carretera construida
apresuradamente por los ingenieros militares gringos, durante los años de
1942 y 1943, era el pan casi cotidiano para mis abuelos, doña Otilia y don
Manuel, el  de origen chiricano y ramonense ella, como también para
Francisco y sus hermanos Rosa, mi madre, fallecida dos años atrás, León,
Jorge y Beatriz. El camino construido casi perpendicularmente por la ladera
de la montaña, que se eleva casi de improviso hasta casi los mil metros
sobre el nivel del mar, a manera de un cilindro que serpentea sobre ella,
terminaba por ofrecer en algunos puntos del recorrido, el majestuoso
espectáculo de las tierras bajas del Golfo Dulce, la Punta Burica y toda la
región fronteriza con Chiriquí hacia Puerto Armuelles, del lado panameño y
Golfito, del de Costa Rica. Eran aquellos tiempos duros para quienes se
aventuraron en la colonización de esa agreste región. Francisco fue uno de
ellos.

ooooo

Cuando llegamos a estas tierras, próximas al viejo camino colonial de mulas
entre Cartago y Chiriquí, allá en la segunda mitad del año de 1944, en estas
selvas llovía día y noche, durante más de una semana y hasta dos sin parar,
me contaba Francisco, en cierta oportunidad. Más de una vez, abatido, sentí
el deseo de  cruzar aquella húmeda y boscosa frontera y regresarme a
trabajar en el Canal de Panamá, pero mi madre me rogó que me quedara y aquí
estoy cincuenta años después, me dijo Francisco en 1994, durante una de mis
visitas a la finca, un lugar que me traía lejanos recuerdos de una infancia
que pasé en aquellos parajes, hasta que la enfermedad de mi abuelo nos hizo
regresar al Valle Central, a principios de la década de los 1950.

Comments
5 Responses to “La Familia Cedeño Castro”
  1. Consuelo Quesada dice:

    Gracias por compartir tan bello relato. Hombres, familias como la suya, han forjado y tejido la historia de Costa Rica.

  2. IVANNIA GUERRA dice:

    @Siempre te vamos a recordar tio Frank, te llevamos en nuestros coraxones dia a dia !!!…..te extranamos muchos, …..con mucho karino , besos!!!! ………..Tu sobrina , Ivannia Guerra…

  3. @ Te recordamos con mucho amor , kerido tio Frank !!!!1 :0

  4. Sara Gómez Cedeño. dice:

    Hola, yo soy de apellido Cedeño mi abuelita era panameña se llamaba Lorenza Cedeño y un hijo de mi abuela es de nombre Francisco quien quita y somos parientes. Saludos.

  5. silvia dice:

    Es un gusto poder hasta el dia de hoy conocer un poco de la historia familiar que siempre fue un misterio para mi, soy nieta del fallecido Jorge Cedeño Castro a quien nunca conoci en vida, solo por los relatos de mi madre, gracias .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Lo que leemos

A %d blogueros les gusta esto: