La Familia Cedeño Castro III

Columna
LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (248)
Por Rogelio Cedeño Castro
Correspondiente al martes 24 de agosto de 2010.

FRANCISCO CEDEÑO:LOS AVATARES DE LA MEMORIA(III))

ooooo

Durante casi setenta años mi tío Francisco Cedeño(1919-2010) batalló con
toda clase de dificultades para mejorar las condiciones de vida de los
suyos, pero también las de la generalidad de los habitantes de esa región
fronteriza entre dos naciones, que lo es también entre  diversas identidades
regionales y étnicas que coexisten en esa vasta área geográfica, situada
entre los confines de Chiriquí y los de la provincia de Puntarenas, muy
alejados de su centro político-administrativo, en el caso de estos últimos.
No exento de emoción todavía, Francisco nos relataba el drama y la multitud
de dificultades que significó para él y un grupo de vecinos ticopanameños,
sesenta años atrás, el hecho de sacar por aquellos caminos tan difíciles de
las tierras altas de la frontera, en una camilla hecha de troncos, a un
primo suyo, herido de machete en una mano, hasta la localidad de San Andrés,
ya en la bajura chiricana, si es que cabe llamar así a esa zona de tierras
calientes, situadas en el piedemonte fronterizo, desde donde salía el tren
para David, ciudad a la que hubo que llevar al herido, quien finalmente
perdió su mano.

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A lo largo de muchas décadas todos los caciques políticos de esta Costa Rica
en decadencia, entre ellos algunos presidentes de la república, pasaron por
aquella hermosa finca de Cañas Gordas, una de las pocas que conserva todavía
una porción de bosque primario y varias otras de bosque secundario, de gran
belleza, donde todavía hay árboles de amarillón, caoba y otros muy valiosos,
resurgidos después de la intensa explotación maderera de los años cincuenta,
que se practicó en la región. Francisco,  por su parte, los recibió a todos
con amabilidad y atención, sin que por ello los burócratas de ayer y de
siempre, tanto en el MOPT como en otras instancias, se dignaran ordenar la
pavimentación de los cuatro kilómetros que hay entre Agua Buena y la
localidad fronteriza ticopanameña de Cañas Gordas. Fue así como, en vano sus
vehículos se llenaron de polvo o de barro, según la estación, pues para los
impenitentes políticos lo suyo era continuar su comedia de ofrecimientos y
de demagogia hasta el final de los días de Francisco, aunque quizás ahora
mis primos Humberto y Javier que han permanecido más cercanos a la finca,
puedan ver al fin pavimentados esos kilómetros hasta esa área fronteriza.

ooooo

Tampoco fue posible que se aprobara y pusiera en ejecución el proyecto de
ley para la titulación de predios y fincas en la región fronteriza, dado el
hecho de que Francisco y muchos otros finqueros de los cantones de Coto
Brus, Corredores y Golfito, por estar sus tierras situadas a 200 metros de
la demarcación fronteriza no pueden titularlas y ser, entre otras cosas,
sujetos de crédito en el sistema bancario nacional, cosa que hubiera
facilitado la ejecución y concreción de muchos proyectos importantes en
beneficio de los habitantes de la zona, en términos de empleo y en otros
rubros.

ooooo

Estoy convencido de que a Francisco le hubiera agradado mucho, hacer un
reconocimiento  público a don Walter Coto, quien cuando fue presidente de la
Asamblea Legislativa, en la segunda mitad de los noventa, promovió la
aprobación de esa ley, cuya ejecución fue vetada por los burócratas del IDA
y algunos funcionarios del Ministerio de Seguridad Pública, con ridículos
criterios de seguridad fronteriza y de control territorial, sin que hasta el
momento, haya sido posible modificar ese estado de cosas. Francisco me
pidió, todavía hace unos dos años, que hiciéramos un esfuerzo por hablar con
los diputados de la anterior legislatura, cosa en la que pusimos algún
empeño Humberto y  yo, habiendo sido recibidos por don Mario Quirós Lara y
don José Merino del Río, cuya atención y apoyo agradecemos, a pesar de lo
infructuoso de nuestras gestiones. Todo  esto que afirmo en estas líneas y
que podría sonar poco agradable a los oídos de algunos cortesanos, serviles
de siempre, lo hago en honor a la memoria de  alguien, como mi tío Chico
Cedeño, que puso tanto empeño en esa tarea que quería dejar cumplida antes
de concluir su prolongada y fructífera vida, en beneficio de quienes habitan
nuestras abandonadas áreas fronterizas, dentro de lo que constituye una
vergüenza nacional.

Comments
2 Responses to “La Familia Cedeño Castro III”
  1. Juan Carlos laurent Sanabria dice:

    Con nostalgia he leido esta valiosa serie, que da una pincelada de uno de los verdaderos Titanes de Coto Brus. No con discursos ni con libros, sino con el ejemplo, con el trabajo y con la familia que junto con su valiosa esposa formó,

    Gracias por mantener viva la verdadera historia de Coto Brus.

  2. Jose Sachse dice:

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