Norberto Castro Tosi

Norberto Castro Tosi

El gran genealogista, erudito, historiógrafo y especialista en heráldica, de Costa Rica en el siglo XX.

Bautizado, en la iglesia de las Mercedes de San José el 14 de mayo de 1921, con el nombre de Norbert Ernesto Luis Castro Tosi. Había nacido el 8 de abril de 1921 en esta misma ciudad..

Hijo de don Hector Alfredo Castro Fernández y de doña Alice Tosi Delivas.

Fueron sus abuelos paternos don Teodosio Castro Angorita  y doña Rosalía Fernández Güell,  y sus abuelos maternos don Miguel A. Tosi y doña Rosalía Delivas.

Don Teodosio Castro Angorita se casó en la iglesia de nuestra señora del Carmen de San José el 25 de enero de 1886 con doña María Rita Rosalía Fernández Güel.

Eran hijos, él de don Asisclo Castro Guzmán y de doña Dolores Angorita y ella de don Federico Fernández Oreamuno y de doña Carmen Güell Pérez. Doña Dolores Angorita era colombiana. Don Federico hermano de don Próspero Fernández, Presidente de la República,don Federico fue General.

Don Asisclo Castro Guzmán era hijo de Manuel Andrés Castro Rojas y de doña María del Rosario Guzmán, casados el 29 de enero de 1783.

Sus padres fueron don Joseph Nicolás de Castro  y doña Juana Eugenia Rojas, y don Ignacio Guzmán y doña Francisca Piedra.

Don Federico Fernández Oreamuno era hijo de don Manuel Fernández Chacón y de doña Dolores Oreamuno Muñoz de la Trinidad. Y nieto de don Felix José Fernández Tenorio y de doña Petronila Chacón y por parte de madre de don Gregorio Oreamuno y de doña Juana Muñoz de la Trinidad.

Don Félix José Fernández Tenorio, abuelo de don Federico Fernández, fue hijo de don Pedro Nicolás Fernández Acosta y de doña Catalina Tenorio Castro hija de don Cristóbal Tenorio y de doña Juana Josefa Rodríguez de Castro.

A su vez don Joseph Gregorio de Oreamuno, abuelo materno de don Federico, fue hijo de don Joseph Romualdo de Oreamuno y de doña Ana Manuela de Alvarado, y doña Juana,su mujer, de don Joseph Muñoz de la Trinidad y de doña Thomasa Gómez.

Algunos hechos importantes de la carrera profesional de don Norberto Castro Tosi.

Norberto Castro hizo sus estudios secundarios en el Liceo Pasteur, de Neuilly-sur-Seine, Paris.

Realizó  estudios de derecho en la universidad Católica de Santiago, Chile. Estudio filosofía y letras en la universidad de Costa Rica. Se graduó master y doctor en Dublín, Irlanda.

Su tesis de graduación se denominó “Los irlandeses en América”.

Luego se especializó en el Colegio de México, bajo la dirección del Dr. Silvio Zavala, en historiografía, paleografía, arqueología, diplomacia, aztékatl y maya.

En Europa se especializó en historia medieval europea, especialmente en bizantinología.

Fue profesor visitante en varias universidades europeas, muy especialmente en la Sorbona. Realizó investigación en diversos archivos de distintos países y en las principales bibliotecas del mundo.

Publicó sus investigaciones en tres idiomas, francés, inglés y español. Todas en revistas especializadas en las diferentes materias que investigó. En Costa Rica escribió para la revista de los archivos nacionales.

Fue delegado permanente de Costa Rica ante la UNESCO durante ocho años y delegado en cuatro conferencias generales de la misma organización.

La Dirección de la Revista de la academia costarricense de ciencias genealógicas le rindió un cálido homenaje al que consideró el mejor genealogista que había tenido Costa Rica y quizá, dijo el director, que ha tenido Centroamérica.

Sobre él dijo lo que a continuación se trascribe:
“Don Norberto era un erudito de la genealogía, de la heráldica y de la crítica histórica, incansable en la investigación, recto e inflexible en sus apreciaciones, que jamás admitió la más leve alteración de la verdad genealógica, por mucho que esta pudiera herir vanidades o pretensiones mal fundadas, inclusive si esa amarga verdad le tocaba a él mismo. Podemos decir que fue un verdadero quijote en nuestro medio y que trató de darle siempre un carácter científico a todas sus investigaciones”

Leamos lo que nos dijo don Norberto Castro Tosi sobre la familia Fernández, la de su abuela paterna doña Rosalía Fernández Güell:

“Los Fernández del Val

A principios del siglo XVIII los agricultores costarricenses de ciertos medios económicos se habían desilusionado de las plantaciones de cacao en los valles de Matina, Barbilla y Reventazón. Lo indios, únicos que sabían cultivar adecuadamente esta planta, se hacían raros: los pococís antes tan numerosos y amigos se hallaban casi acabados y los urinamas resentían la obligación de ir a trabajar tan lejos de sus asientos; los tariacas y talamancas eran francamente hostiles; la nación mosca, explotando hábilmente la rivalidad entre las potencias europeas, se hacía poderosa.

Poco a poco, abandonando la comarca a ilusos chapetones, los criollos prefirieron invertir sus patrimonios y actividades en los tranquilos valles de éste lado de la cordillera, al abrigo de sorpresas, y de esa época en realidad data el auge de los valles de Aserrí, Currirabá, Barba y Santana. Pues por hallarse el valle de Cartago y el vecino de Ujarrás, ya fuertemente poblados, ocupado el primero en parte por las tierras de ejidos de la Ciudad y en lo restante por fincas particulares, bien delimitadas, “compuestas y pagadas a su Majestad”, se producirá  durante todo el dieciocho una constante migración a través del cerro Carpintera hacia la zona denominada por excelencia “de los valles” donde aun quedaban tierras realengas y donde los grandes propietarios no tenían objeción en vender a precio ínfimo parcelas de sus haciendas a los nuevos pobladores. Estos venían principalmente para consagrarse al cultivo sea del trigo, sea de la caña, y también del tabaco.

Por eso no es de extrañar encontrar ciertos paralelismos en las vidas de los hermanos don Pedro Nicolás y don Manuel Felipe Fernández del Val y Acosta Arévalo, al venir a instalarse en esta zona y más particularmente bajo la campana de la recién fundada villita dedicada al glorioso patriarca San José.

Ambos en efecto tuvieron casa y solar en la villa, pero, hecho característico de la época, no residían en ella, sino que alquilaban estas viviendas que por bando gubernamental fueron obligados de construir y prefirieron vivir en el barrio del Murciélago (hoy mal llamado San Juan de Tibás) donde el uno  y el otro tuvieron sus chacras con suertes de caña dulce y sus respectivos trapiches, ganado vacuno y ovejuno y platanares. La casa de don Pedro Nicolás, en Villa Nueva, era de las más principales y se hallaba situada en la calle real frente a la aduana de tabaco, y alquilada regularmente al señor interventor de este ramo. Ambos hermanos casaron en familias de las fundadoras de San José, don Pedro con doña María Catarina Tenorio de Azofaifo y Rodríguez de Castro de la gran casa de Azofaifo-Tenorio, y don Felipe con doña María Josefa de Umaña y Corral de muy noble prosapia, nieta de Tomás de Omaña (que así se debiera de escribir esta apellido, pues así firma su tronco), hidalgo que vino a esta provincia y se enlazó con una de sus principales estirpes conquistadoras. Estos enlaces dieron a su descendencia particular importancia como miembros del patriciado josefino, aunque luego se extendieron por Alajuela hasta Palmares. De la primera pareja nacieron 8 hijos, de los que 6 varones de los cuales el más destacado fue el Coronel don Féliz José Fernández Tenorio, de quien ya hemos hablado, el cual debe figurar como el último gobernador de Costa Rica, aunque fuera solo titular por haber sido en realidad la única autoridad legítima de la época ya que fue nombrado por el proclamador de la independencia de Centroamérica don Gabino de Gainza, en nombre de imperio que Costa Rica había jurado.
Este ilustre prócer (don Félix Fernández) contrajo dos matrimonios el primero con la josefina doña Petronila Chacón  de Alarcón y Aguilar y el segundo con la cartaginesa doña Josefa Evaristo de Ávila y Oreamuno.
Del primer enlace fueron nietos los generales de división don Federico y don Próspero Fernández Oreamuno, este último presidente de la República, primero interinamente por fallecimiento del General don Tomás Guardia, su cuñado, en 1881, y luego por elección popular.

Como primer mandatario ha merecido los elogios de la mayoría de los historiadores, por su gestión progresista y entre las medidas más acertadas de este gran patriota debe contarse el extrañamiento del territorio nacional del extranjero Dr. Bernardo Augusto Thiel, obispo, y de la Compañía de Jesús, en su lucha contra el criptocolonialismo europeo, hidra de múltiples cabezas que aún falta de expulsar del continente. Su hermano mayor don Federico también tuvo destacadísima actuación ya como ministro de la guerra, ya como primer gobernador y auténtico fundador de Limón; convoló en legítimas nupcias con la gran matrona doña Carmen Güell-Ferrer de Ricomá y Pérez de Morales, descendiente del fundador de la ciudad de Santa Clara en Cuba el Capitán Luis Pérez de Morales y Carrillo  recordado también por haber derrotado al más sanguinario de todos los piratas el tristemente célebre l´ Ollonois.

De este matrimonio nacieron once hijos de los que siete varones, todos distinguidos en las armas, en la política y más en las letras, entre ellos el mártir de la Patria don Rogelio Fernández Güell, en cuyo recuerdo está nombrada la avenida central de San José, antigua calle real. Aunque no toca al que escribe, por razones obvias, exaltar la figura del gran literato y tribuno, que falleció asesinado por las balas de la tiranía en Buenos Aires de Osa el 15 de marzo de 1918, sé deseamos llamar la atención a sus futuros biógrafos al período de su vida en México donde participó activamente en la Revolución Mexicana junto al benemérito e integérrimo don Francisco I. Madero, de quien fue íntimo amigo y colaborador, siendo nombrado por éste, director de la Biblioteca Nacional de México, pues por ello se verá que Rogelio, tenía muy auténticas ejecutorias revolucionarias en pro de la justicia social y del bienestar del pueblo.
Del segundo matrimonio de don Félix procedieron gran número de hombres distinguidos que ocuparon puestos muy destacados, de los que, por desgracia, no podemos ocuparnos en detalle por falta de espacio, limitándonos a mencionar a don Joaquín Fernández Hidalgo y don Joaquín Fernández Oreamuno tío y sobrino por sus brillantísimas actuaciones en la Campaña Nacional de 1856-57.El padre de los hermanos Pedro Nicolás y Manuel Felipe Fernández del Val y Acosta Arévalo.1)
El fundador de la familia Fernández del Val en Costa Rica fue don Juan Fernández Martínez, cuya mayor característica fue la humildad, en dos exposiciones que hace en su calidad de maestro de los niños de Cartago insiste sobre la obligación del maestro de enseñar la doctrina cristiana a sus discípulos a la par de las arte de leer, escribir y contar. Y que aplicar esta doctrina a sus propios hijos, lo comprueba una lúcida pléyade de estimabilísimos sacerdotes de su sangre; ante todo su propio hijo mayor el presbítero don Cosme Damián Fernández del Val y varios de sus nietos y bisnietos.”
Y nos sigue diciendo don Norberto:
“Ignoramos, aun, las verdaderas causas que impulsaron a Juan Fenández del Val y Martínez del Val para pasar a Indias y las circunstancias que le llevaron a radicar en esta provincia, pero si tenemos amplias noticias de sus antecedentes en España, por haber estado personalmente en la villa de su nacimiento que era la de Sedano, en el Valle y honor de su nombre, en las montañas de Burgos. Sedano es una bonita población que duerme en la confluencia de dos ríos, en el fondo de un valle risueño, y es formada de los barrios de Barruelo, Trescastro, Heras, Baldemoro y Lagos, en medio de las cuales se erige una eminencia llamado “el castro”, en la que campea su maciza iglesia parroquial de Santa María, con aires de colegiata. En ella están sepultados los antepasados del respetado maestro de escuela de Cartago, progenitor de tantos hombres ilustres entre ellos el benemérito de la Patria don Mauro Fernández Acuña, el introductor en Costa Rica de la enseñanza pública gratuita. Digamos de paso que don Mauro no hizo en eso más que llevar al plano nacional una idea que ya había concebido su antepasado el maestro don Juan Fernández Martínez, quien al ofrecer al cabildo de Cartago establecer una escuela para la “enseñanza de los niños”, decía “me allego asimismo a recibir a todos los niños pobres que sus padres no tuvieran con que pagarme y darles la misma enseñanza  que a los demás” (que pagaban), para lo cual solo pide la acostumbrada suma de 25 pesos al año pagaderos por el fondo de Propios de la Ciudad para la enseñanza de cuatro niños nobles, extendiendo pues esta obra caritativa a todos los niños pobres que quisieran estudiar, (Cartago 2 de julio1736).
La familia de Fernández del Val en Sedano, aunque modesta, era limpia de toda mala sangre de generaciones postergadas (judíos, moriscos, agotes o gitanos) como lo probó su tronco en información ante la justicia ordinaria al pasar a Indias, requisito indispensable en aquel tiempo, y debía connotar parentesco con los hidalgos Fernández , de Moradillo de Sedano, 2 veces ejecutoriados en Valladolid por su mucha nobleza e hidalguía a los que perteneció Alonso Fernández, Procurador General del Valle y Honor de Sedano por el Estado de los Hijos dalgo en 1596 y 1601. Y lo comprueba la calidad muy relevada de los padrinos de los bautizados de este linaje, personas de distinción y de la nobleza del Valle, como los Bustillo y Arce. Señores de la Capilla de su linaje en la iglesia de Santa María, y los mismos corregidores de Sedano representantes de la Fernández-Manrique marqueses de Aguilar de Campóo y Condes de Castañeda, Señores justicieros feudales de “la Onor de Sedano”. Anteriormente habían vivido los Fernández en el lugar de Mozuelo, a cinco quilómetros de Sedano, en el Páramo de Barrios, cuyo sitio también visitamos, así como su parroquia de San Salvador. Por femenina descendían de los Martínez, de Tableada de Rudrón, y de los Val , de Sedano, una de las casas más antiguas de dicha villa, a la que perteneció el señor Gaspar del Val, alcalde del regimiento y procurador de la villa, asistiendo como tal a las juntas generales del Valle de 150 , y 1583.

También había escrito don Norberto lo siguiente sobre la Familia Fernández del Val:
“Cada linaje parece tener un rasgo característico. La humildad y la sencillez han particularizado a la casa de Fernández del Val, a pesar de sus reconocidas dotes de inteligencia y de altruista dedicación y el hecho de haber ocupado posiciones muy conspicuas. Mas, estilizando un poco, podríamos decir que el primer siglo de historia republicana  de Costa Rica consistió en buena parte en la rivalidad entre las familias de Fernández (josefina y liberal) y la de Jiménez, de Cartago (conservadora). Don Cleto González Víquez, fue el primero, según creemos, en señalar el papel político de primerísima importancia jugado por esta talentosa estirpe, y sus estudios han sido completados por el recordado don Álvaro Fernández Peralta. Nueve fueron los jefes del Estado de Costa Rica, durante dicho período, dimanados de Juan Fernández Martínez ( el tronco de este linaje en Costa Rica). Y que tenían el apellido Fernández en alguno de sus bisabuelos: Don Juan Mora Fernández, Jefe del Estado (1825-1833); don Manuel Fernández Chacón, Vicejefe, ejerciendo de Jefe en 1835; don Joaquín Mora Fernández quien ejerció la jefatura en 1837; don Manuel Aguilar Chacón Fernández y Aguilar, Jefe de Estado ( 1837- 38); don José María Montealegre Fernández, Presidente de la República ( 1859-1863); don Bruno Carranza Ramírez Fernández y García, presidente provisorio en 1870; don Próspero Fernández Oreamuno, Presidente de la República (1882-1885); don José J. Rodríguez Zeledón Mora-Fernández y Mora, Presidente de la República (1890-1894); don Rafael Iglesias Castro Llorente y Fernández, Presidente de la República (1894-1902). Si a ellos agregamos las personas de apellido Fernández en primer o segundo término, durante el mismo período, que ejercieron altas funciones ejecutivas tales como vicejefes, consejeros, secretarios o subsecretarios de estado, se llega a una cifra que pasa de la veintena.”

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