Ricardo Blanco Segura.

RicardoBlancoSeguraRicardo Blanco Segura

Su obra y su genealogía.

Escribió mucho acerca de la historia de Costa Rica, pero su especialidad está centrada en la historia eclesiástica, por eso sus obras capitales son: ”La Historia Eclesiástica de Costa Rica”, y “1884 El Estado, la iglesia y las reformas liberales”. Estas importantes obras históricas, junto a otras obras y muchos artículos en periódicos y revistas, pone a Ricardo Blanco Segura entres los principales historiadores de la iglesia de Costa Rica; campo en el cual destaca indudablemente la obra de Víctor Manuel Sanabria Martínez con su trilogía de obras histórica a saber “ Monseñor Anselmo Llorente y Lafuente”,” la Primera Vacante de la Diócesis de San José” y finalmente su obra cumbre “Monseñor Bernardo Augusto Thiel”, obras históricas que abarcan medio siglo y más de la historia eclesiástica de Costa Rica.
Recuerda Ricardo Blanco en el prólogo de su Historia Eclesiástica que fue don Bernardo Augusto Thiel, segundo obispo de Costa Rica, quien primero inició el trabajo de ordenar los archivos eclesiásticos y publicó su trabajo bajo el nombre de “Datos Cronológicos” para el estudio de la historia eclesiástica de Costa Rica.
En el prólogo de su monumental obra “Historia Eclesiástica de Costa Rica” Ricardo Blanco también nos da una clara demostración de su modestia intelectual cuando nos dice lo siguiente: “cuando se trata de escribir un libro que abarque no un período determinado o la vida de un personaje, sino todo el desarrollo de un proceso histórico desde sus mismas raíces, las fallas son notorias y se comprende con toda claridad la abundancia de lagunas, particularmente en su aspecto documental”. Reconoce también Blanco Segura la limitación de las fuentes de información, los archivos en algunos casos incompletos, que él llama archivos con “lagunas” en la información; y reconoce la necesidad no cumplida por él de recurrir a archivos foráneos,” donde podría complementarse con información relevante”, y con la cual no contó por limitación de tiempo y recursos. Estas limitantes le obligaron a considerar que su obra no pasa de ser unos “apuntes para la Historia Eclesiástica de Costa Rica”, debidamente armonizados, sin la pretensión de haber dado la última palabra en la materia.
La obra inicia con un relato breve de la llegada de don Cristóbal Colón a América y con especial descripción de su cuarto viaje cuando desembarca en nuestro territorio, para continuar con algunos otros conquistadores que llegaron en el siglo XVI, hasta llegar a Gil González Dávila quien en 1522 resulta ser el primer catequizador de los indígenas que habitaban nuestro territorio. Sobre ellos previamente nos ha hecho Ricardo Blanco un breve resumen de la etnología básica de los habitantes indígenas de Costa Rica. Como primera referencia a la historia religiosa nos dice Blanco que con Gil González venía el presbítero Diego de Agüero quien bautizó en total en territorio costarricense a 9.287 personas, y en su carta al Rey Gil González le decía que bautizó en todo su viaje a Costa Rica y Nicaragua a 32.000 almas.
La pertenencia aunque ambigua de Costa Rica, todavía sin nombre cierto, a la primera diócesis de la Iglesia Católica en Tierra Firme, Santa María del Darién en Panamá, cuyo primer ocupante fue el franciscano fray Juan de Quevedo, establecida el 19 de septiembre de 1513.
Pero, nos dice Blanco Segura, siempre estuvimos más ligados al Norte por la facilidad en los viajes, así el territorio de Costa Rica pronto quedó dependiendo de la diócesis que se estableció en León, Nicaragua el 26 de febrero de 1531, no obstante cuando se confirma la erección de ésta en 1534 no se mencionó ni el límite ni el territorio de Costa Rica. Recuérdese que Costa Rica aún no había sido conquistada.
Aunque ha habido discusión o mejor dicho confusión, acerca de si hubo un primer obispo en el 31 o en él 34, hemos de tomar como cierto que nadie antecedió a don Diego Álvarez Osorio, chantre de la catedral de Panamá, quien fuera designado por el Rey como candidato a la mitra de esa diócesis en 1527, aunque nunca fuese confirmado ni consagrado por el Papa, falleciendo en Nicaragua en 1536.
Después de un breve episcopado de fray Francisco de Mendavia, fue presentado por la Corona en 1543 fray Antonio de Valdivieso. Recibió la confirmación episcopal en noviembre de 1545.
Fray Antonio de Valdivieso es un hombre que no puede ser olvidado, era un fraile dominico y se convirtió en el primer obispo de Nicaragua y Costa Rica.
El 9 de mayo de 1845 una cédula real ordenó a Monseñor Valdivieso extender su diócesis a Costa Rica, tal y como se usaba todavía mencionarnos, con el nombre de Cartago. Sin embargo la solemne unión de ambos territorios en una sola diócesis, se dio por una cédula real de 6 de julio de 1565.
Desde entonces y hasta 1850 está diócesis se siguió llamando “ Diócesis de Nicaragua y Costa Rica”.
Fray Antonio de Valdivieso fue también un mártir, murió asesinado por el hijo del Gobernador Contreras quien lo apuñaló en su casa, a causa de la defensa que hacía Fray
Antonio de los derechos de los indígenas nicaragüenses, ya que juntamente con Las Casas y Marroquín habían conseguido de la Audiencia medidas protectoras para los habitantes autóctonos.
Después de algunos años de vacancia, la corona presentó en 1556 al Licenciado Lázaro Carrasco, clérigo secular de Bruselas. Murió en 1562 sin haber recibido la consagración.
Durante el gobierno de Carrasco tuvo lugar la expedición de Juan de Cavallón y del padre Estrada Rávago a Costa Rica. En un largo capítulo nos narra Blanco Segura la conquista de Costa Rica por Cavallón, la importante labor de Estrada Rávago en el plano religioso con los indígenas del país, la llegada de Vázquez de Coronado, la ayuda que le prestó el religioso Pedro de Bentazos a Estrada Rávago, la participación del fraile Martín de Bonilla, quien llegó con Vázquez y colabora en la catequización con el padre Bentazos.
Luego la llegada de los franciscanos en 1564 encabezados por el muy famoso fray Lorenzo de Bienvenida de gran labor evangelizadora en Yucatán y Guatemala desde 1542.
La expedición de Vázquez de Coronado a España a presentar al Rey la conquista de Costa Rica, a la cual se sumaría también Lorenzo de Bienvenida. Los resultados de la audiencia con el Rey Felipe II fueron muy halagüeños, concediendo a cada uno los favores que merecían sus obras.
Regresó fray Lorenzo con todo lo recibido, excepto los trece frailes adjudicados, ya que muchos quedaron en el camino. No así don Juan Vázquez de Coronado, nombrado Adelantado de Costa Rica, quien no pudo regresar porque lamentablemente fue víctima de un naufragio.
Unos meses después regresaba Juan de Estrada Rávago, quien fuera nombrado por don Luis de Fuentes el nuevo obispo electo de Nicaragua y Costa Rica como cura y vicario general de Cartago, tal y como se lo indicó el Rey don Felipe.
A la muerte de fray Luis fue nombrado obispo fray Jerónimo Gómez Fernández de Córdoba en enero de 1567, pese a la presión que ejerció la corona para que asumiera su puesto, fue hasta el año 1571 cuando, habiéndosele prohibió visitar la corte, y dándole dinero para el viaje a Nicaragua, finalmente acató el nombramiento. Gobernó la diócesis entre 1571 y 1574, año en el cual la corona accedió a sus peticiones y fue trasladado a Guatemala, donde murió en 1598.
Nos dice Blanco Segura: ”A monseñor Gómez sucedió el franciscano fray Antonio Zayas, y con este se inicia la serie de prelados de la época colonial”.
Invitamos al lector a continuar leyendo la historia eclesiástica en la época colonia que nos describe con tanto detalle el autor, no menos interesante le será la lectura de la tercera parte Siglo XIX independencia y república, la cual culmina con la erección de la diócesis de San José, Monseñor Llorente y Lafuente, y el Concordato.

1884
Su otra gran obra denominada “1884. El Estado, La Iglesia y las reformas liberales”.
Considera Blanco Segura que en el año 1884 tuvieron lugar en nuestro país hechos y se decidió la aprobación de leyes trascendentes para la vida de la república o como el bien dice “para la vida institucional del país”.
¿Cuáles fueron esos hechos y que nuevas leyes fueron aprobadas? ¿Qué tuvo que ver la Iglesia católica en esos acontecimientos, o mejor dicho, los personeros más importantes de la Iglesia Católica? ¿Cuánto nos afectan hoy en día las leyes aprobadas en esos años? ¿Por qué se dividió el país en favor o en contra de la legislación que se aprobó?
Todas esas preguntas podrán ser contestadas con la lectura de este interesante libro, en el cual su autor pretende mediante “la recopilación, la búsqueda, el repaso, la comparación y el análisis de las fuentes manuscritas e impresas” llegar hasta las raíces más profundas del asunto.
Para Blanco Segura “las ideas motivan la historia”; “los hechos no son más que el resultado transitorio del pensamiento”. Por eso nos dice que el libro ha sido hecho con la mayor imparcialidad, cumpliendo con el principio, que él tan bien y tan alto pondera, de justicia, que manda dar a cada uno lo suyo, sin prejuicios que condicionen de antemano al historiador.
¿Realmente logró lo que se proponía, llegar a la raíz de esa historia, y hacerlo con absoluta imparcialidad? ¿Hay una explicación objetiva de las causas de los hechos narrados? ¿Logró profundizar en la determinación de las fuerzas sociales que se movieron en esos acontecimientos y dieron origen a los choque políticos que conmovieron Costa Rica?
Dejemos al lector, que tal vez motivado por este post se decida a leer el libro, y de respuesta a estas interesantes interrogaciones. Por nuestra parte nos guardamos el derecho de hacer un comentario en otra hora y lugar.

Atavismo Diabólico.
Ricardo Blanco no sólo fue historiador, también escribió literatura, de lo que escribió mereció su obra Atavismo Diabólico (libro de cuentos) el siguiente comentario del connotado intelectual costarricense don José Ricardo Chávez “un libro espléndido, único, verdadera joya oscura de la literatura costarricense: Atavismo diabólico (1980). La compostura y contención de su estilo previo se transmutan en negro barroquismo, sobre todo a la hora de describir elementos de arquitectura de las viejas casas josefinas, pues hay que decir que una de las virtudes de este conjunto de cuentos es que hace de los lugares y casas locales escenario privilegiado de estas historias que tienen como temas: fantasmas, casas encantadas, vampiros –más bien vampira–, dobles y demás asuntos propios de lo gótico y lo fantástico”.
Más adelante dice don José Ricardo: “Blanco Segura duda de que la realidad sea tal cual la pintan, pero no se ríe, y decide más bien explorar sus intersticios oscuros y siniestros o, como dice uno de sus personajes, “el impulso de fuerzas atávicas al misterio del ser, provenientes de edades milenarias colindantes con las más imprevistas y oscuras oquedades de lo ignoto”. Es en su trato con lo oscuro cuando Blanco resplandece y, de paso, resplandece negruras, como diría la finada Eunice Odio. La casa es el ámbito predilecto para la aparición de lo insólito, la casa familiar. Casi siempre es urbana, pero también hay casa rural, como ocurre en su cuento lovecraftiano “Uno más de los nuestros”; están también Guadarrama y Arcania, ciudades fantasmales, Comalas selváticas de la imaginación tica.”
Y termina diciendo don José Ricardo: “Es curioso ver cómo un título más bien marginal en la obra de Blanco Segura –lo más alejado de la historia a la que se había dedicado–, publicado, como quien dice al final del camino (literario, no vital, pues vivió tres décadas más en relativo silencio), sea lo que brinde a su autor un puesto seguro en el panorama literario costarricense. Un caso más de cuando lo marginal migra al centro. En estos tiempos en que algunos señalan un interés entre los jóvenes lectores (y escritores) por asuntos fantásticos y terroríficos, no sería mala idea que leyeran –ellos y sus mayores también– este libro de un autor nacional –el mejor gótico tico–, donde sus mismas obsesiones y perversiones aparecen, no en tranquilizadores mundos mágicos y lejanos, sino en forma siniestra en cualquier casa vieja de Otoya, la Soledad o Aranjuez, por las que pasan cuando deambulan por San José.
Ahora que Blanco Segura murió y pasó de describir fantasmas a ser uno de ellos, invoquémoslo, no en sesión espiritista digna de algún cuento suyo, sino leyéndolo. Ciertamente se alegraría de saber cuánto disfrutamos sus lectores de las góticas narraciones que escribió.
Después de todo, ¡qué mejor forma de honrar a un escritor ya ido que leerlo!”

Ricardo Blanco Segura, algunos aspectos biográficos

Ricardo Blanco nació el 18 de mayo de 1932 y falleció el 24 de julio de 2011. Obtuvo su título de bachiller en Ciencias y Letras en el Colegio Seminario en el año 1949. Entró al Seminario Mayor con la intención de ser sacerdote y entonces cursó estudios esclesiásticos superiores: Teología, Filosofía, Derecho Canónico, Latín y desde luego Historia y en especial la Historia Eclesiástica.*1)

Entre las obras del autor se cuentan: Historia Eclesiástica de Costa Rica (1967), la cual mereció “Premio Nacional de Historia Aquileo J. Echeverría”; Monseñor Sanabria (1967); La mujer del Sargento – crónicas coloniales (1978); Entre Picaros y Bobos (1981); Lo que el obispo juzgare (1981); Atavismo Diabólico (1981); 1884 El Estado La Iglesia y las reformas liberales 1983) y Esteban Lorenzo de Tristán fundador de Alajuela (1983).

Tiene además numerosos estudios, publicados por la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica, de la que es miembro de número. Diversos trabajos suyos han sido difundidos en diarios, revistas nacionales y extranjeras.

Genealogía de Ricardo Blanco Segura, digno descendiente del Capitán don Juan Andrés Blanco, uno de los primeros pobladores de la Ciudad de San José y fundador de una frondosa progenie josefina, junto a su dignísima esposa doña Catarina Barboza, descendiente de los primeros pobladores españoles de nuestro país. Y descendiente también de familias todas costarricenses por los “cuatro costado” como son las familias con los apellidos Segura, Rodríguez, Díaz, Cascante, Barquero, Gutiérrez, Araya, etc.

1. Ricardo Blanco Segura, fueron sus padres

2. Efraín Gonzalo Blanco Rodríguez
3. Mélida Segura Díaz

Fueron sus abuelos
4 José David de las Mercedes Blanco Araya
5 Dolores Rodríguez Mora
6 Norberto Segura Cascante
7 Cristina Díaz Barquero
8 Trinidad Blanco Gutiérrez
9 Josefa Araya Blanco
10 Pio Rodríguez Cordero
11 Mercedes Mora Varela
12 Antonio Segura Vindas
13 Petronila Cascante Vargas
14 Domingo Díaz Chávez
15 Rosa Barquero Marín
16 Francisco Blanco Mora
17 Bruna Gutiérrez Salazar
18 Hermenejildo Araya Corrales
19 Ysabel Blanco Valverde
20 Juan Rodríguez
21 Mercedes Cordero
22 Ramón Mora
23 Dolores Varela
24 Norberto Segura
25 María Manuela Vindas
26 Cayetano Cascante
27 Gregoria Vargas
28 Valentín Días
29 María Concepción Chávez
30 Jesús Barquero
31 María de Jesús Marín
32 José Ramón Blanco Barboza
33 María Mora Zamora
34 Manuel Gutiérrez
35 Juana Salazar
36 Manuel Araya
37 Felipa Corrales
38 Juan Blanco
39 Trinidad Valverde
40 Concepción Rodríguez
41 Paula Valverde
42 Paulino Cordero
43 Candelaria Rojas
64 Juan Andrés Blanco
65 Catarina Barboza
66 Cayetano Mora
67 Francisca Zamora

Notas.
*1) El 20 de febrero de 1955 en el periódico La Nación un campo pagado decía lo siguiente:
Ricardo Blanco Segura
Ex alumno del Seminario Central de San José
Agradece sinceramente a los sacerdotes, compañeros, amigos personales, miembros distinguidos de la intelectualidad costarricense, fieles de la parroquia de La Soledad y otros lugares ,etc, las muestras de solidaridad y afecto que por medio de telegramas, tarjetas, vistas ,etc, etc, le han brindado en esta hora de incomprensión, aceptándolas coma una hermosa aureola a la firme convicción que ha tenido, tiene y tendrá de sus anhelos vocacionales, que únicamente factores puramente humanos y ajenos a su libre voluntad han podido truncar.
Dejo todo en las manos de Dios, con la íntima satisfacción del deber cumplido y en la firme certeza de que Él, en esta vida o en la otra, tendrá la última palabra en este asunto.
San José 20 de febrero de 1955

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