Notables del Siglo XIX en Costa Rica

Felix Arcadio Montero.

19 de junio de 1897

Muere Felix A.Montero

en Acajutla Salvador.

Lejos de la Patria, proscrito por los mismos que fueron sus amigos políticos, decepcionado, triste, acaba de morir, en un puerto de El Salvador, el Licenciado don Felix A. Montero.

Era un hombre notable en Costa Rica. No queremos apurar aqui los recuerdos del ditirambo. Un hombre notable y nada más decimos, porque el respeto nos lo veda. Cualquier otro adjetivo podría pasar aplicado al Licenciado Montero, pero no queremos que la envidia, la pasión, nos entablen reclamo.

No tenemos a la mano datos biográficosque aquí serían muy del caso. Apenas a grandes rasgos conocemos la vida del ciudadano modesto, que supo abrirse campo hasta las cimas de una popularidad envidiable, basada en méritos y virtudes cívicas no comunes por desgracia.

Le conocimos cuando hacía su carrera de abogado en la Universidad de Santo Tomás. No descollaba por su talento, pero si sobresalía por la perseverancia inquebrantable con que se entregaba al estudio, por la tenacidad con que luchaba en la persecución de sus propósitos. Circunspecto, laborioso, humilde, digno, permaneció oscuro en los primeros años de su juventud.

En el año 1889 y siguientes, el Lic Montero salió de la penumbra. Hubo entonces, ya es sabido, un serio despertar del patriotismo; los hombres de ideas, los hombres de acción, la juventud vigorosa, los ciudadanos todos se alistaron en las filas de los combatientes.

Y fue el abogado apenas conocido, el sencillo hijo de Santo Domingo, uno de los que más se distinguieron por lo levantado de sus ideas y la firmesa de sus convicciones.

Ocupó en 1890 con rectitud y entereza nunca desmentidas, jamás vacilantes, un puesto en los bancos del Congreso. Desde allí trabajó con patriótico afán por el bien del país; fue de los más esforzados campeones que hicieron guerra al privilegio del Banco de Costa Rica, se empeñó en dar nueva vida a la extinguida Universidad de Santo Tomás, consiguiendo en mucha parte sus propósitos, y cuando el poder ejecutivo cometió errores y abusos, lo combatió con energía y lealtad, cumpliendo como bueno los deberes que contrajo al aceptar el cargo honroso de Representante del pueblo.

Comenzó entonces la popularidad y el prestigio de que llegó a gozar después el Lic. Montero, con títulos mucho más legítimos que otro alguno en los últimos veinte años. Fue jefe de un partido numeroso, y entendemos que en otras circunstancias y en otro medio ambiente, habría subido al solio con general satisfacción.

Envuelto, no sabemos aun, si con justicia o sin ella, en la mallas del célebre proceso que se siguó con motivo del atentado contra la vida del señor Presidente de la República, atentado por todo concepto condenable, sufrió larga prisión y al cabo fue sentenciado al destierro.

Partió resignado, protestando ser inocente, pero sin humillarse nunca. Agobiado por la decepciones, casi olvidado por sus amigos, debió experimentar todas las amarguras de la proscripción y de la nostalgia.

Y murió al fin, de seguro pensando en el povenir de su patria que tanto amaba y a la cual consagró, aunque sin éxito ostensible, sus energías de patriota sincero, su actividad, su inteligencia y hasta su fortuna.

¡Sencible pérdida para Costa Rica, dura lección para los que por el bien de sus conciudadanos trabajan y se desvelan!

…..

Pero no, la ingratitud y el olvido no serán el premio del luchador incansable, del abnegado patriota ni del digno cuanto desgraciado proscrito.

El Figaro 16 de junio de 1897

 

Ramón Bustamante Castro.

 

Fallecimiento del Lic. Don Ramón Bustamante Castro

Nota Necrológica en el Diario La Nueva Prensa

A las diez de la mañana de ayer, en el Templo del Carmen una concurrencia numerosa de caballeros, damas y señoritas, en reunión profundamente conmovida, para rendir póstumo homenaje a la memoria del Lic. Ramón Bustamante Castro, fallecido en esta capital en las primeras horas de la noche del sábado pasado después de varios días de penosa dolencia.

Pierde el Foro uno de sus más sobresalientes miembros, quien ocupaba el número 11 por su antigüedad en el escalafón de sobrevivientes de la Facultad de Derecho, en la cual se incorporo como licenciado en Derecho el 14 de agosto de 1882.

Pierde Costa Rica a uno de los más preclaros hijos que le sirvieron en la Administración de Justicia, por un período consecutivo de más de cuarenta y cuatro años, en diferentes cargos, siendo uno de los muy pocos abogados, que hizo verdadera carrera judicial por escala rigurosa.

Pierde la sociedad a un miembro distinguido que había fundado su hogar el 31 de agosto de 1881 con la virtuosa dama doña Isolina Castro Solórzano de cuyo matrimonio hubo once hijos, de los que sobreviven cinco, que dieron al noble anciano la alegría de 14 nietos.

El Lic. Don Ramón Bustamante será de los inmortales en los anales jurídicos de Costa Rica, y cuando alguien labore las páginas de la historia judicial de Costa Rica, encontrará entre los años de 1880 a 1922, una labor intensamente meritoria efectuada por el caballero a quien despedimos dolorosamente impresionados en su tránsito hacia las regiones de la eternidad.

Hombre de honradez acrisolada, mantuvo en los setenta y tres años de existencia, el pendón de honradez sin mácula que heredara de sus padres, que lo fueron don Ignacio Bustamante Zúñiga y doña Ramona Castro Blanco. Viejos patriarcas, que en el año de 1854 habitaban la casa de su propiedad , donde nació don Ramón, en la que es hoy propiedad del Gobierno en la esquina Sur Oeste del Colegio Superior de Señoritas.

Vio la luz de la vida, el caballero cuya muerte lamentamos, el 11 de noviembre de 1854, recibiendo la educación primaria en primeras letras de su señor padre y de su tío don Ramón Bustamante Zúñiga, que era uno de los centros educativos de la época. Ingresó en el año de 1869 a la Universidad de Santo Tomás, contaba apenas 15 años y habiendo pasado la enseñanza primaria en las escuelas públicas, llevó a las universitarias las credenciales de ser un magnífico elemento, de preparación sólida para el porvenir.

Graduado de Bachiller, entró a trabajar en el comercio, pero no fue aquel campo propicio para su aspiración ; nos refirió él en alguna oportunidad que aunque varios de sus parientes , le instaban para entrar en estas actividades, su anhelo le señalaba el campo de la Justicia y el Derecho, a lo cual encaminó sus actividades efectuando sus estudios, que vio brillantemente coronados como queda dicho el 14 de de agosto de 1882, no había sido su camino los trajines de la política , y aunque los Generales Guardia ( don Tomás ) y Fernández ( don Próspero) le ofrecieron en diferentes épocas ventajosas posiciones en los campos de la Administración Pública, el quiso mantenerse siempre en el ramo Judicial, teniendo en su vida la siguiente nómina de servicio:

Alcalde de San José de 1880 a 1882. Juez Civil y del Crimen de San Ramón, 1882 a 1884, Juez del Crimen Interino de Alajuela, en 1884 a 1888, En este año de 1884, sirvió además la Secretaría de la Corte Suprema de Justicia, Juez Civil y del Crimen de Heredia, 1888, Juez Civil y del Crimen de Alajuela 1889 a 1894. Juez del Crimen de San José de 1894 a 1896. Auditor General de Guerra, 1896 a 1899, Magistrado de la Sala Segunda de Apelaciones, 1899 a 1902 y reelecto de 1902 a 1908. Presidente de la Sala Segunda de Apelaciones de 1908 a 1912.

Juez Primero civil interino de San José, en 1914, desempeñando al mismo tiempo la secretaría de la Corte Suprema de Justicia , Juez Civil de Heredia, 1916, Juez Segundo del Crimen de San José Administrativo, 1922 a 1924, año en el que se le jubiló por el congreso Constitucional en vista de sus importantes y meritorios servicios.

También desempeñó las Judicaturas Civil y del Crimen de Limón, interinamente y la del Crimen de Puntarenas, también interinamente.

En los cargos desempeñados por el señor Bustamante Castro, sus fallos fueron siempre veredictos inapelables por su norma de Ley, sus anotaciones siempre fueron basadas en la estricta justicia y de muy pocos como de él pueden decirse que rindió culto a la balanza de la Justicia, poniendo en ella, no el corazón ni la conveniencia sino la Augusta Majestad de la Ley.

El acto del funeral y entierro invitó además de la Familia Doliente la Junta Directiva del Colegio de Abogados, reuniéndose en el funeral y continuando en compañía del Cortejo los más sobresalientes miembros del Foro.

El Sr. Presidente de la República, el Sr. Presidente de la Corte Suprema de Justicia, los Sres. Magistrados, acompañaron el cadáver desde la casa de habitación al templo y de este al Cementerio General.

Gran número de coronas testimoniaron sobre la carroza fúnebre la distinción y aprecio merecida en vida por el Lic. Bustamante Castro.

La NUEVA PRENSA envía su muy sentida condolencia a su afligida esposa doña Isolina Castro v. de Bustamante, a sus hijos don Arturo Bustamante y doña Marta Vargas de Bustamante, don Lafitte Jiménez y doña Lita Bustamante de Jiménez, don Ramón Sansó y doña Chayito Bustamante de Sansó, Lic. don Manuel Grillo hijo y doña Lucita Bustamante de Grillo, Don Ernesto Lara Iraeta, a sus hermanos don Maximino Bustamante y doña Lupita Merino de Bustamante

El cual hacemos extensivo a sus nietos, sobrinos y demás familia.”

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