Rodolfo Trejos Donaldson

Rodolfo Trejos Donaldson

El más generoso de mis amigos ha emprendido la partida definitiva del mundo de los vivos para integrarse como miembro distinguido al acerbo cultural de la humanidad a la que entregó tanto de su talento y de su cultura sin límite.

Lo conocí siendo muy joven, recién cumplía los veinte años y necesitaba trabajar para continuar mis estudios. Recibí un telegrama mediante el cual se me convocaba para asumir un puesto de auxiliar de estadística en la Dirección de Estadística y Censos, me presenté al Ministerio de Economía y Hacienda y mientras esperaba, escuché una airada discusión en la oficina del funcionario que debía atenderme. Se abrió la puerta y salió rápido un hombre muy serio, joven aún y de aspecto inteligente. Enseguida salió el funcionario encargado del personal y después de algunas explicaciones me pidió aceptar un traslado a la Dirección de Economía, situada en la misma planta en la cual me encontraba, en el segundo piso del viejo Edificio de Correos de San José.

Al día siguiente debía presentarme a trabajar, lo cual hice no sin cierto cosquilleo y nerviosismo, pues era mi primera experiencia. Fui recibido muy cordialmente por mis futuros compañeros, quienes me indicaron que el jefe llegaría en unos minutos. Y así fue, con la sorpresa de que mi jefe era nada menos que el mismo señor que había conocido en la oficina de personal: don Rodolfo Trejos.

Pensé que mi situación no iba a ser muy confortable, pero me equivoqué, fue todo lo contrario, desde ese mismo día don Rodolfo me consideró su amigo y en tal condición lo fui de todos los demás compañeros, incluyendo a quien había ocupado mi puesto, hasta el día anterior a mi nombramiento, y por quien don Rodolfo había quebrado una lanza el día en que lo conocí.

Don Rodolfo lideraba un equipo de trabajo, como no lo pude encontrar en mis largos cuarenta años en múltiples oficinas públicas y privadas, sin rigores ni formalismos, todos respetábamos al jefe y, al mismo tiempo, compartíamos y conversábamos- a veces hasta discutíamos- con el amigo.

Rodolfo era un hombre vehemente, tanto en la amistad como en los demás aspectos de la vida, apasionado por la integración económica de Costa Rica con Centroamérica, tenía esa misión como un apostolado, al cual no se le podía negar absolutamente ningún esfuerzo. Nosotros sus subalternos, quienes gozábamos de la generosidad de su alegre amistad, siempre tan rica en iniciativas y en inteligencia, no podíamos hacer menos que secundar sus esfuerzos apasionados. Así las cosas, el proceso avanzó como nunca ha avanzado algo en nuestro país.

Un día de tantos, por casualidad me tocó escuchar una conversación de don Rodolfo con un industrial de la vieja guardia, quien pretendía incorporar sus productos a las listas de productos de integración que se discutirían en próxima reunión. Con mucha discreción, el industrial le ofreció los recursos que le fueran necesarios para su misión. También con la misma vehemencia que le caracterizara siempre, don Rodolfo rechazó de plano el confuso ofrecimiento.

Don Rodolfo Trejos era un hombre cabal, un caballero de honor acrisolado, con un don de gentes y una gentileza única, al mismo tiempo que era un hombre alegre y vital que sabía vivir la vida con amplitud y buen gusto.

Poco tiempo después don Rodolfo viajó a Guatemala a trabajar con la SIECA, pasaron muchos años sin poder compartir su amistad. Nos volvimos a encontrar cuando volvió a su casa en mi mismo barrio, ya retirado parcial de su labor como “integracionsta centroamericano”.

En los últimos años compartimos labores en la Asociación de Vecinos del barrio, en la que  con igual entusiasmo, puso todo su empeño y voluntad al servicio de sus conciudadanos. Una vez más pudimos disfrutar de su generosa amistad, disfrutando de veladas inolvidables en su elegante mansión.

Lo despedimos con dolor, un amigo así es irremplazable y recordaremos siempre al caballero distinguido y sin tacha que fue, con su oportuno comentario o su ingenioso chiste a flor de labio.

Jorge H. Jiménez Bustamante

Marzo de 2006

Fragmentos:

En memoria de Rodolfo Trejos.

Rodolfo Trejos era una persona exquisita que siempre conocimos: amable , sutil, discreto, estudioso, inteligente,dotado de un gran señorío, un profundo sentido cultural, una extraordinaria sensibilidad humana.

Rodrigo Madrigal Montealegre.

A Rodolfo Trejos, centroamericano distinguido.

Tu labor pionera te hizo maestro.A través de los años, tu pensaminto claro, tu fidelidad a los más altos principios del ser costarricense y, por ende del ser centroamericano, se constituyeron en cátedra permanente.

Maestro de todos los centroamericanistas, hiciste de tu actuar, cátedra brillante, seria y profunda, presentada siempre con la elegancia, sencillez, facilidad y serena elocuencia que fue sembrando en las mentes y corazones de muchos, ese deseo ardiente de Centro América unida, para bien de sus pueblos y asombro del mundo. Tu labor pionera de lider centroamericano fue rubricada por tu ejemplar vida. Con Mireya fundaste un hogar, rica escuela y sementera lograda, en tus hijos y familia.

José Miguel Alfaro Rodríguez

Semblanza

Mis recuerdos de Rodolfo se remontan a mi infancia en la casa de los abuelos Alice y Miguel en Mata Redonda, en donde todas las tardes se tomaba el té, y llegábamos a pasar la tarde. ¿Todos los días? puede que sí, es un recuerdo muy profundo y querido porque aquellas tardes se convertía en una “fiesta de música”.

Rodolfo aún con su uniforme caqui del colegio Seminario llegaba entusiasta y con su alegría-energía vital, para sentarse  frente al Rachals a estudiar  ¿a las dos tres o cuatro  de la tarde? no lo sé, pero era lo habitual.

Entonces era alumno de  don Guillermo Aguilar Machado. Creíamos que tocaba para nosotras- Catalina y yo- quienes nos sentábamos en el sillón de cuero “duro y resbaloso” que los abuelos tenían en esa salita que daba al corredor lateral de la casa. Por cierto aunque austera, para mi llena de luz, libros y armonía, y yo veía sobre el piano sus dos pequeñas primeras figuras de Chopin y de Beethoven que algún día me “presentó” para mi admiración  y “nunca olvido”- ahora tiene otras más.

A Rodolfo_ me lo imagino entre las antípodas de cosmovisión y anhelos_porque en un extremo estaba su sensibilidad y potencial para el estudio de la música: que ya había llegado a grado tal que lo que procedía era continuar estudios en el extranjero, y los abuelos no tenían la posibilidad de sostener ese proyecto de vida. Y Rodolfo, el que tuvo que decidir por la economía , la profesión que podía realizar en Costa Rica, el otro extremo racional y justo.

¿Estoico desde entonces? puede que sí, pero él lo asumió con esa hidalguía, elegancia  y responsabilidad que simpre lo caracterizó. ¿ Quizás intuía que ambos son parte del abanico de aptitudes de algunos privilegiados? Pero sindo aún tan joven tal decisión no le opacó su gusto por la vida en el más amplio sentido del término y simepre fue optimista. Ya entonces Mireya era parte de ese paisaje y debe haber sido un aliciente en la toma de decisiones .

Natalia Dobles.

La Música forma lazos fuertes entre aquellos que la aman de verdad…

Walther Field

..en mis tiempos de formación como estudiante del Colegio Seminario tuve la dicha de hacer amistad con compañeros cuya sensibilidad había sido tocada por aquellos magníficos profesores, formadores excelentes y también amigos personales, los padres alemanes de la Orden de San Pablo, dedicados a la enseñanza de la juventud. Entre estos profesores destaco nuestro querido P. Otón Lennartz, de gratísima memoria, quien entre otras importantes actividades fuera el fundador de la Orquesta de Estudiantes del Colegio Seminario en la cual solíamos participar todos los que tocabamos algún instrumento. La mayoría de aquellos compañeros no tomó la música como profesión , entre ellos Rodolfo, a quien conocí en la Orquesta pues participó como pianista.

Desde entonces se desarrolló una cordial amistad entre nosotros.

Con Rodolfo fue siempre común abordar el tema de la música, los compositores preferidos y las obras que más nos impresionaban, y lo hacíamos no sólo con interés sino con verdadera pasión, aquella pasiónque a veces no encontramos en ls profesionales de la música.

En algún día de sos nos volvimos a encontrar y reanudamos con más frecuencia nuestras conversaciones, me invitó a participar en el grupo Alejo Dobles , y en una de esas fechas en que le tocaba la reunión en su casa escogió como programa lo que llamó “La música que nos impresionó en la niñés, en la primera juventud , en la madurez” !Cual no sería mi agradable sorpresa al notar que la mayor parte de aquellos trozos eran los mismos que desde aquella mañana de nuestra vida me habían impresionado a mi también!

Cuando un hermano se va…

La tristeza invade el ambiente y emergen aceleradamente los recuerdos sin siquiera proponérselos. Al menos a mi me sucedió desde el primer momento que supe la noticia de que mi hermano don Rodolfo Trejos había partido a dimensiones donde el ser humano no conoce su alcance hasta el momento en que en cuestión de fracciones de segundo traspase el límite entre la vida terrenal y la eternidad.

 

No obstante que yo le llevaba varios años de edad lo consideraba mi hermano mayor por su sabiduría, por su tenacidad, por su perseverancia, por su honestidad, por su don de estudio, por su capacidad de trabajo y por su calidad de compartir sus ideas con modestia ante sus compañeros de trabajo en todas las latitudes que tuvo la oportunidad de practicar profesionalmente y en sus responsabilidades laborales. Todas esas virtudes de Rodolfo fueron haciendo huella en mi personalidad constituyendo motivo de enseñanza, y porque no decirlo, convirtiéndose en otro de mis profesores en el ámbito informal.

 

Gracias Rodolfo por haber enseñado tanto a tantas personas, y a mi también. Gracias por haber sido mi amigo y mi hermano. El premio a ello es la presencia de Dios.

 

Fernando Boschini Aguilar

Don Rodolfo

No era hombre de alardes ni efusiones. Pero uno podía contar con don Rodolfo. Al pan llamaba pan y si el vino era bueno,mejor. Sin estridencias.

La última vez que lo vi doña Mireya nos había preparado un Osso bucco. Llegó Julián. Oimos a Purcell. No sé porqué recordó a los monjes que concentrados en su gregoriano olvidaban sus oraciones. El vino era chileno.

Me dicen que escriba sobre Ginebra, en 1989. Allí fuimos a parar, él en cosas de la SIECA, yo en asuntos de cancillería. Coincidíamos en el GATT. Un día que habábamos de Thomas Mann mostró sorpresa de niño curioso y espantado por la historia del músico que entregó su alma a cambio de componer una pieza inolvidable.

En las  buenas me acogió y en tiempo de desaliento no falló.

Recuerdo al experto en política comercial que nunca olvidó los engarces de la economía con un mundo mejor para todos. Los aranceles para el hombre han sido hechos no el hombre para los aranceles. A quienes apenas nos iniciábamos en esos trances nos abrió su casa, nos guió, disimuló sin malicia nuestra ignorancia.

Don Rodolfo oye hoy la música, la armonía y las matemáticas del universo.

Pablo Rodríguez O.

A la memoria de su padre.

de Ignacio Trejos Zelaya.

Es dificil en unas pocas palabras hacer justicia a la vida de un hombre de bien, que vivió entre nosotros durante más de 71 años. Don Rodolfo Trejos Donaldson, nuestro papá, fue, en esencia y en toda la amplitud de su significado, un hombre de bien.

Nació en la familia formada por don Miguel Trejos y doña Alice Donaldson, el menor de entre seis hermanos. Se crió en un San José que era casi rural y sabemos que disfrutaba de las temporadas infantiles en las fincas que trabajaron mi abuelo y ñlos hermanos mayores. Fue un muchacho travieso, juguetón y “jodedor”, algo que siguió siendo hasta estos días.

En su familia le inculcaron valores, a los que trataré de referirme más adelante . Uno de ellos, fue el de ser un hombre de familia. Papá amó entrañablemente  a sus padres y a sus hermanos. Lita su mamá, vivió con nosotros largas temporadas en Guatemala e iluminó nuestra vida familiar allá.

Mamá, doña Mireya Zelaya, y papá se casaron en diciembre de 1956. ]Este era su quincuagésimo añode vida matrimonial. Del matrimonio nacimos tres varones : Javier ,Julián e Ignacio. Son muchos los recuerdos que tenemos , pero podemos resumirlos en que papá fue un hombre amoroso, a veces parco en sus palabras, pero que predicaba continuamente con su ejemplo.

De él y mamá aprendimos muchas cosas: que las personas deben ser respetadas, sin distinción de su clase social, que uno debe emprender lo que hace con excelencia , que uno debe ser responsable por sus actos  y principalmente , que uno debe buscar la verdad, la bondad y la belleza.

Comments
2 Responses to “Rodolfo Trejos Donaldson”
  1. Cdta1 dice:

    Esos nombres me suenan. Yo viví en Pejibaye de Jiménez, provincia de Cartago y siempre escuché hablar de Don Rodolfo Trejos Donaldson. Él creo que fue dueño de la comunidad de Pejibaye. Ésta era una finca. El que sabe mucho de eso, es mi papá que creo, eramos familia.
    Bonito gesto el suyo de expresarse, lástima que no lo conocí porque estaba muy chico en ese tiempo. El vivió en una casa que le llamaban “La casa grande”. Tenía piscina, una cancha de ténnis y una caballería. Era muy bonita porque jugué en ella mucho tiempo hasta que se quemó.
    Carlos Trejos Vargas. ctrejosv57@gmail.com

  2. Oscar Patiño Bueno dice:

    He conocido su hijo Igancio hace ya un cuarto de siglo. Ahora entiendo la proveniencia de sus dotes, valores morales e intelectuales. Hubierame gustado concer su padre, mas me conformo con saber que su hijo, Nacho, es un magnífico reflejo de su ser.

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